sábado, 23 de enero de 2016

La calle Segovia desde el Viaducto.

Hace un mes que no salgo a dibujar, y me ha dado algo de pereza ponerme en marcha. Esperaba que tuviésemos un día frío y nuboso de este seco invierno; sin embargo, la sorpresa ha ido cristalizando a lo largo de la mañana, y un sol radiante nos ha obligado a desprendernos de mucha ropa de abrigo. Hoy habíamos quedado a celebrar la 50ª convocatoria del Sketchcrawl mundial, en la madrileña plaza de Oriente, junto a la estatua ecuestre de Felipe IV, durante cuyo reinado se hizo patente el declive inevitable del imperio. He saludado a algunos amigos a los que hacía tiempo que no veía y me he puesto a dibujar un rato con parsimonia...


A mediodía nos hemos movido hacia el viaducto de la calle Bailén, a su paso sobre la siempre atractiva calle de Segovia, en pleno corazón del antiguo Madrid de los Austrias. Me gusta mucho la perspectiva aérea sobre la calle, con la luz inundando la escena de volúmenes irreales, fundiendo árboles y tejados con las torres de la iglesias, de la plaza Mayor y de la catedral de San Isidro. De espaldas a la calle Bailén, con el cristal de protección frente a nosotros hemos aguantado estoicamente una hora de sol y las miradas de muchos curiosos transeúntes, de variados acentos. Me gustan mucho estos bocetos luminosos, en los que el dibujo no está enmarcado por el recuadro de una ventana, sino por el eje del punto de vista del observador.

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