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martes, 4 de noviembre de 2014

Sobre la pasarela de la sacramental de La Florida

Esta pasarela sobre las vías del tren es un balcón con vistas a una maravillosa encrucijada de Madrid, posiblemente muy poco conocida. Los trenes de cercanías pasan debajo de nosotros con regularidad hacia la estación próxima de Príncipe Pío, que se destaca delante de la silueta del Palacio Real. A nuestra derecha llegaríamos en un par de minutos a Mingo, o a la ermita de San Antonio. A la izquierda, podríamos ver una pequeña sacramental que conserva los restos de los héroes fusilados por los franceses el 3 de mayo de 1808. Más allá, nos esperan en la Escuela de Cerámica de la Moncloa, en donde Ale ha conseguido que nos dejen asistir tener una sesión de dibujo dentro de sus talleres.











Apenas puedo soportar el fuerte sol entornando los ojos, pero me atrae tanto la imagen que hago todo lo posible por soportarlo. Hace muchísimo frío y algunas ráfagas de aire que me hacen tomar precauciones para que el cuaderno no salga volando. Los trenes entran y salen de la estación con regularidad, tomándose un respiro al acercarse a la pasarela. Apenas se han cruzado con nosotros media docena de transeúntes; la mayoría con apariencia de tener prisa, aunque un par de ellos tienen suficiente tiempo como para observar cómo dibujamos, mientras se acompañan de un vaso de café.. Las paredes de la pasarela de la tapia del ferrocarril y los extremos de la pasarela están cubiertas de graffiti; y hay restos de un pequeño botellón.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Fresco, sol y sombra, en el apeadero de Camorritos

Ha hecho una soleada mañana de finales de octubre. De esas que te confunden en pocos centímetros, porque pasas de la calidez del sol a un frío penetrante en las zonas de sombra. Mientras Fernando y su reducido grupo de voluntarios se han puesto a repintar las señales del sendero GR10, yo he tomado posiciones para dibujar. Mi primer dibujo ha estado dedicado al apeadero de Camorritos, desierto y semiabandonado, donde se apilan traviesas y vías para reponer en futuros mantenimientos. El apeadero dejó de funcionar en 2011, aunque el tren sigue haciendo el recorrido desde Cercedilla a los puertos de Navacerrada y Cotos. He visto un pasajero a través de la ventana y he hecho un saludo amistoso con la mano al conductor, que me ha devuelto un estruendoso y breve pitido de su ronca sirena.













En Camorritos, situado montaña arriba desde Cercedilla, se ubica una colonia de un puñado de chalets, iniciada en los años veinte, de la época en la que ir a veranear a la sierra era síntoma de prestigio y buena posición económica. Las parcelas son enormes, a tono con las construcciones que quedan perdidas entre sus arboledas. Hay algunos rastros de vida permanente en el lugar, una media docena de coches en los caminos se acceso, humo en un par de chimeneas, carteles intimidatorios de compañías de seguridad en sus vallas y algunos perros guardianes que se mantienen silenciosos y confiados, aunque me siguen atentos con la mirada... La serenidad del entorno es esplendida y apenas se ve turbada por la huella sonora del tren que inunda el valle regularmente cada cierto tiempo. Un tren nostálgico que no lleva prácticamente a nadie en muchas épocas del año, ni a la ida, ni a la vuelta.